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La LOGSE generó múltiples expectativas en todo el Estado español. Fue una ley nueva, inusitada por estos pagos, que vino a poner un poco de orden en el caótico panorama educativo que padecía este país. Era la concreción definitiva del artículo 27 de la Constitución que reconocía el derecho de todas y todos a la Educación. Este derecho tendría por objeto el pleno desarrollo de la personalidad en los principios democráticos de convivencia y los derechos y libertades reconocidos en la Constitución. Tardaron algunos años en ponerse en marcha leyes como la LODE y la LOGSE, a pesar del mandato explícito de la Constitución. En cierto modo, digamos, era normal. Había que poner los cimientos de un estado democrático y desterrar los vicios, ideas y modos autoritarios del régimen del general Franco, felizmente desaparecido. Lo que no fue tan normal, y hay que recordarlo: re-cordis –esta vez pasando este hecho por la memoria y por el corazón– fue la desmesurada y virulenta embestida que provocaron los sectores más conservadores de la sociedad. La derecha política y económica ayudada por la Iglesia Católica, –tan celosa guardiana de la libertad, ella–, se manifestó y orquestó toda una campaña mediática para que todo siguiera igual: es decir que siguieran manteniéndose las prerrogativas de los de siempre y que la educación fuera el privilegio de unos pocos. La LOGSE hizo hincapié en este cambio y en su declaración de principios insistiendo en que la educación debe ser la compensadora de las desigualdades de la vida. Concretó en su articulado muchas de las aspiraciones y las necesidades que este país requería: insistiendo en una enseñanza comprensiva, gratuita, obligatoria hasta los dieciséis años... Más tarde, la LOGSE se desarrolló por unos caminos con los que muchos no estábamos de acuerdo. Y aquí, el Partido Socialista nos llenó de desilusión y desencanto. Aún no entendemos leyes como la LOPEG Ley de evaluación, gestión y gobierno de los centros, –no olvidemos que esta Ley, por ejemplo, abrió cauces para una progresiva privatización de la enseñanza pública y disminuyó el poder de los claustros fomentando la figura del director. Tampoco entendimos la falta de voluntad política tan colosal, puesta de manifiesto cuando el sindicato Comisiones Obreras, en unas pocas semanas sacó adelante la primera Iniciativa Legislativa Popular: Ley de Financiación del Sistema Educativo: a la que casi todo nuestro Parlamento dio la espalda. En 1996, el Partido Popular ganó por un estrecho margen las elecciones generales. Se mantuvo en el gobierno gracias al apoyo explícito de CiU, Coalición Canaria y PNV al que tanto denostan ahora. En aquellos primeros años comenzó para quienes defendemos un Sistema Público educativo de calidad, un auténtico calvario. Comenzaba la auténtica, la genuina Contrarreforma. Los ataques conservadores a la LOGSE y a la Escuela Pública no sólo se concretaron en aquellos “famosos globos–sonda” que nos regalaron –aún lo hacen– en sus primeros años de gobierno. Hubo actos y desplantes, leyes y proyectos, decretos y otros despropósitos. Tan desproporcionados fueron que el Defensor del Pueblo, una persona tan poco sospechosa de izquierdismo corno Don Fernando Álvarez de Miranda, manifestó en diversas ocasiones su preocupación por el grave deterioro que estaba sufriendo la Escuela Pública. ¿Alguien ha olvidado que el gobierno del partido en el poder aprobó un decreto de admisión de alumnos que vulneraba, a todas luces, la igualdad de oportunidades, eje vertebrador de nuestra Constitución? La LOGSE –recordemos que su plena implantación no se producirá hasta el año 2004– ha entrado desde esa fecha en un estado crítico de inanición. Se está reformando una ley que aún no ha entrado plenamente en vigor, una ley a la que se ha zancadilleado desde su mismo comienzo y a la que no se han dedicado los esfuerzos y los recursos necesarios. El Partido Popular. ha enarbolado la bandera de la calidad de educación aplicando los criterios mercantiles y economicistas que le son propios. Seguramente, la LOGSE, requiere algunos cambios. Pero nunca esa carga de profundidad con la que nos están obsequiando. Y todos ellos pasan por el consenso con la Comunidad Educativa, pues son a ella a quien afecta. ¿Pero qué consenso le importa a nuestra derecha? Obviamente, ninguno. Los "populares" –sic– han echado a andar y parece que tienen claro su camino. Y poco contamos en él. Existe un problema grave, un déficit clamoroso de plazas de Educación Infantil. El Partido Popular, lo tiene claro: creemos conciertos con las escuelas privadas –dicen. Olvidándose, negándose, a establecer una Red Pública de centros que garantice el acceso de todas las niñas y niños hasta los 6 arios a un centro educativo. Lo que implica un desprecio absoluto por la filosofía de la igualdad de oportunidades y un desconocimiento fragante de que la mujer se ha incorporado al mundo del trabajo. En Primaria no se dan respuestas a la complejidad de la sociedad española actual, más diversa, familiar y culturalmente hablando y sobre todo, más democrática. ¿Alguien recuerda, que el modelo anterior a la LOGSE bebía sus fuentes en el más rancio autoritarismo? En Secundaria, también parecen tenerlo claro ¿Cómo? Eliminando de un plumazo la comprensividad. Y no dedicando los recursos humanos ni económicos necesarios. Habrá, pues, tres itinerarios diferentes desde esta etapa. Jerarquicemos, la enseñanza. La guapa gente que vaya al Bachillerato, otros menos guapos a la FP y los basurillas al desempleo y la marginación… Un ataque en la línea de flotación de la LOGSE. No vamos a mencionar la Reforma de la LRU o de la selectividad, que todos sabernos que objetivos pretenden. En vez de desmantelar lo ya existente podrían haber optado por otra línea más constructiva. Abordando, por ejemplo, la Reforma de la Formación Inicial y Permanente del Profesorado; dotando a todos los colegios de un equipo suficiente de psicopedagogos; construyen- do bibliotecas, laboratorios o gimnasias en todos los centros; asignando más recursos humanos que permitan desdobles, apoyos dentro de cada centro, estableciendo unas optativas claras que tengan en cuenta las aptitudes de las alumnas y los alumnos; potenciando la calidad de la Escuela Pública... Pero esto es pedir demasiado. Y el Partido Popular ha vuelto a las andadas. Va a hacer saltar por los aires una ley en la que nunca ha creído. Y lo hace volviendo a la caspa de siempre. A ese espíritu rancio y trasnochado de quien no se entera porque no puede enterarse de que estamos en el siglo XXI y que la sociedad y la escuela que defienden han muerto. Que la sociedad democrática requiere respuestas democráticas e inteligentes. Que la sociedad de la información requiere recursos y conocimientos más que suficientes y profesoras y profesores bien preparados. Y que, la Escuela Pública, que en definitiva es contra quien va tanto desatino, es uno de los pilares fundamentales del Sistema democrático.
Con
estos aires,
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