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Tratar de los valores se ha puesto de moda. A las puertas del nuevo milenio, la sociedad en general, ha vuelto de nuevo su mirada hacia el ser humano, preocupándose de los valores que se suponen deben acompañarlo. Tratar de los valores en una sociedad como la actual resulta de lo más paradójico ¿de qué valores hablamos? Por un lado el Ministerio de Educación y Ciencia pide a la escuela que eduque para la paz, la solidaridad, la no–violencia... aduciendo que la escuela debe ser el vehículo que elimine las diferencias sociales existentes (sic). Por otro resulta llamativo echar un vistazo al estado de la cuestión: ¿quiénes se han convertido hoy en paladines de la libertad?, ¿de qué libertad se habla?, ¿y Sarajevo? ¿A qué grupos se les llena la boca hablando de solidaridad y tolerancia?. ¿Que sucede con el democrático Norte y sus relaciones de dominación económica, tecnológica y militar con el Sur? ¿Y nuestro propio Sur? ¿Será un valor y será ético la afirmación y la potenciación de una moral consumista y crítica como la actual, favorecida por la omnímoda televisión? Creemos que la escuela tiene algo que decir sobre estas y otras muchas interrogantes. ¿Pero qué? Pesamos que la escuela debe integrar dentro de ella todas las culturas, creencias, lenguas, costumbres... de la sociedad siendo el instrumento catalizador imprescindible para crear un mundo comprometido, libre, justo... poblado de ciudadanos y ciudadanas justos, libres, comprometidos... Pensamos que la escuela... Desde Acción Educativa, creemos necesario ahondar en este debate, queremos clarificar que valores son esos valores de los que tan fácilmente hablamos. El reto no es nada fácil. ¡Tenemos tantas contradicciones que resolver! Al menos, partimos de una idea clara: este debate lo queremos establecer contigo, en esta Escuela de Verano, desde una Escuela socializadora: crítica y participativa, una escuela que no sea mera correa de transmisión de unos valores o conocimientos determinados de la ideología dominante, sino potenciadora de ciudadanas y ciudadanos de pensamiento autónomo y divergente, comprometidos con el mundo en el que viven. Una escuela que cree espacios de libertad y de igualdad de oportunidades dentro de respeto a la diferencia. Una escuela que incite a la solidaridad aunque esté inmersa en una sociedad con actitudes y comportamientos insolidarios. Una escuela que en este y otros temas no dé respuestas definitivas sino que siembre de dudas y que enseñe a resolver y actuar con autonomía.
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